Inicio Sin categoría Que la diversión no se convierta en pillaje

Que la diversión no se convierta en pillaje

22
0

El incumplimiento de las reglamentaciones y la falta de controles en la pesca deportiva, llevan a tal grado de desorden, que se confunde con la depredación. La preservación de la fauna íctícola es una tarea que incumbe a todos los involucrados en la actividad.

El incumplimiento de las reglamentaciones y la falta de controles en la pesca deportiva, llevan a tal grado de desorden, que se confunde con la depredación. La preservación de la fauna íctícola es una tarea que incumbe a todos los involucrados en la actividad.

Según la Real Academia Española, depredar significa “robar, saquear con violencia y destrozo”. Los predadores naturales, es decir los animales, marcan un equilibrio en la fauna porque esta rapiña forma parte del ciclo normal de supervivencia. Cada especie, tanto en la tierra como en el agua, cumple su función-instinto, pero esos animales sólo matan cuando tienen hambre y encuentran un ejemplar más “débil”.

Algo similar ocurre con el hombre. Quizá se justifique cuando, por un estado social de indigencia, se vale de la caza o de la pesca para abastecerse del alimento diario. Pero no tiene alegato alguno cuando lo hace sin límites por diversión o encubierto en una falsa identidad de “deportista”, porque no se trata de voluntarismo sino de respetar la ley.

El prolegómeno sirve para reflejar en esta columna un hecho afligente y que se repite sin solución de continuidad. Se trata de las autorizaciones de concursos a los clubes de pesca por parte de la Dirección de Flora, Fauna Silvestre y Suelos. Este es el primer eslabón en la cadena de responsabilidades respecto de la situación puntual de referencia, que aconteció el 21 de marzo pasado, en el dique La Angostura.

Ese día se autorizó el concurso interno del Club Tucumán de Pesca y Regatas, que duró tres horas y del que participaron 39 socios. Según reflejan en la página oficial de la entidad en dos cuadros de resultados, extrajeron en total 1.174 pejerreyes. Si se evalúa que la reglamentación autoriza la pesca de 22 ejemplares por jornada, alguien hizo “la vista gorda” y permitió este abuso.

Las diferencias

Y en este punto cabe agregar que por las reparaciones en las válvulas y en las compuertas, el embalse tiene poca agua y se puede recorrer parte del fondo a pie. En este “lavatorio” se mantiene el mismo cardúmen que había cuando el nivel de la cota era alto. Ergo, pescar pejerreyes en este escenario es como practicar con las mojarritas.

Esta desatención en la obligatoria función de preservar la fauna que le compete a las autoridades estatales, marca que la cadena de responsabilidades se “rompió” al inicio nomás. Se agrava el hecho por las condiciones actuales del pesquero, una situación de emergencia que la Dirección de Flora, Fauna Silvestre y Suelos no puede desconocer. Y en este rosario de faltas, faltó el contralor de los inspectores de la institución, para constatar que no se violen las normas. O acaso ¿estaban y no actuaron?

Finalmente, párrafo aparte para los pescadores. El desarrollo y final de los hechos (concurso en un pesquero en emergencia) se contradice con el espíritu de deportistas que los diferencia de los depredadores, y del que hacen gala al momento de opinar sobre la contaminación ambiental y la preservación de las especies ictícolas. Demostrar quien es el mejor en un interno no pasa por el número exagerado de extracciones sino por cumplir con la cuota máxima en el menor tiempo. Así lo determina la reglamentación, que se redactó de esa manera -previo estudio- para no alterar el equilibrio natural y que la pesca deportiva, que es la que defendemos, no se convierta en pillaje o depredación .

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here